Se encuentra usted aquí

Presenta el Proyecto Siqueiros: La Tallera su nueva exposición “El Narciso de Jesús”, del artista Ray Smith

El día de ayer, jueves 30 de noviembre, en rueda de prensa en las instalaciones del Proyecto Siqueiros: La Tallera, se dieron a conocer los detalles de la exposición “El Narciso de Jesús”, del artista Ray Smith, a inaugurarse este sábado 2 de diciembre, a las 12:00 hrs., con permanencia hasta el 4 de marzo de 2018. En dicha actividad se contó con la participación de la directora del Proyecto Siqueiros: La Tallera y curadora de esta exposición, Taiyana Pimental y del artista Ray Smith.

Al iniciar la rueda de prensa, Taiyana Pimental, directora del Proyecto Siqueiros: La Tallera y curadora de esta exposición, aseguró que “Ray Smith es un artista que notoriamente saltó a la escena internacional durante los años ochenta, formó parte de todo un grupo de creadores que posicionaron la pintura como una posibilidad discursiva desde otra perspectiva en aquel entonces, estos artistas estaban pensando críticamente cómo se habían construido paradigmas de la modernidad pictórica, qué había significado los movimientos de vanguardia, los años ochenta fueron años de mucha revisión y de mucha efervescencia. Siendo un artista muy joven de todas estas preocupaciones que estaban ocurriendo en el centro mismo del arte internacional, que era en la ciudad de Nueva York, tomó el riesgo de irse desde la Ciudad de México a Nueva York, se fue, se incorporó a este movimiento y generó toda una obra que forma parte de esos nuevos parámetros que se construyeron a finales de los años ochenta. Llegó con algo que era algo que lo diferenciaba de sus colegas, me refiero obviamente al peso que tenía el gran discurso narrativo de la escuela mexicana de la pintura, en otras palabras, lo que conocemos como el muralismo mexicano”, aseguró la directora de La Tallera sobre Ray Smith.

Y sobre la exposición “El Narciso de Jesús”, Taiyana Pimentel afirmó: “Van a ver una nueva producción que tiene un nuevo protagonista, el protagonista es el espejo como un soporte pero también una herramienta que le permite abordar los fenómenos psicológicos, pero también las dimensiones espaciales, también esta necesidad de vernos y de auto-representarnos todo el tiempo, nuestras ‘selfies’ donde están redefiniendo como seres humanos es esta posibilidad que tenemos hoy, cada uno, de representarnos, de aludirnos, pero también ese narciso que llevamos todo adentro, cómo, hoy en día, está sobre-expuesto en las redes, en nuestros medios. Así es que, este espejo que ustedes van a ver aquí es una capa pictórica enorme, es realmente una posibilidad de expandir al ‘infinitum’ cómo uno se ve a uno mismo, pero cómo se ve en relación al otro, pero cómo uno se mete dentro de esa pintura y cómo uno llega a formar parte de esta obra. Me atrevería, incluso, a decir que esta es una pintura participativa, o sea, es una pintura que se termina o termina de existir cuando nosotros estamos frente a ella y, cuando nosotros nos estamos viendo frente a ella, nos estamos transformando a través de ella. La exhibición se compone por un cuerpo escultórico que ha sido otra de las formas en las que Smith ha trabajado algunas de sus ideas, algunos de sus enfrentamientos más claros y más puntuales con la modernidad. Esta exposición Smith exhibe la idea del espectáculo como una representación y como una posibilidad inteligente donde el arte se realiza. Por último, quisiera notar que en la exhibición hay cuatro obras que Ray realizó en colaboración con otro artista que curiosamente también vive y trabaja entre Nueva York y Cuernavaca, G. T. Pellizzi que, de alguna forma, ha sido un discípulo, alguien a quien Ray ha guiado de muchas maneras y, entre ellos dos realizaron esta serie que se llama ‘Border paintings’, que realizaron en la frontera, el tercer escenario trascendental en la obra de Ray Smith es esa frontera donde ocurren y donde el laboratorio, que es la sociedad, está mucho más expuesta que cualquier otro lugar del mundo. Si bien pensamos que las ciudades son los escenarios de las ideas, de las producciones artísticas, pero hoy en día las fronteras en el mundo comienzan a aparecer como ese lugar donde todo se desborda y donde se convierte en un escenario que lo envuelve, que lo enfrenta a uno como creador, como individuo y, por tanto, donde se potencian muchos discursos artísticos. Ray nació en esa frontera, la conoce profundamente y, también, a lo largo de su carrera esa frontera natural ha sido parte de su discurso de sus representaciones visuales”.

Por su parte, el autor de “El Narciso de Jesús”, Ray Smith, aseguró: “Primero tengo que decir que estoy muy orgulloso de esta exhibición, más orgulloso de lo que he estado desde quizá de mi primer exhibición. La primera vez que pasé por aquí, por La Tallera, tenía como 8 años, y siempre este espacio me causaba un impacto muy fuerte, pero siempre estaba detrás de estos muros que son los muros de Cuernavaca que estaban por todos lados. Y para mí, estos muros y todas estas piedras siempre han sido una gran inspiración, no sé por qué, pero siempre me quedo viendo todos estos muros y, cuando pasé por aquí, y vi qué habían hecho con La Tallera y ahora que estamos hablando de fronteras y espejos, éste era el espejo de la frontera también, éste era la frontera del espejo de alguna manera y, desde el momento que lo vi, sentí que esto era la clase de cosa que a completaba México y a Cuernavaca. No sé si Taiyana Pimentel ya lo sabía, pero ya estaba inventándome algo porque para mí La Tallera era una clase de portal,  por la manera en la cual había sido diseñado era como una nave espacial y al mismo tiempo no es el cubo blanco que son los museos, éste es el estudio del artista y siempre he considerado que el estudio del artista, sea donde sea, aunque sea un escritorio, aunque sea un despacho gigantesco como éste, siempre era el lugar, que es la zona donde el artista se permite mirar al abismo”.

Y sobre su quehacer artístico afirma Smith: “Cuando me fui de México a Nueva York, me fui después del temblor del 85 que había dañado nuestra casa, entonces, o me mudaba con mi madre y mis suegros, o nos íbamos a Nueva York, obviamente, irnos a Nueva York era mucho menos peligroso que vivir con mi madre. Para mí eso de ser americano o ser mexicano, fue una duda que tuve yo desde niño, mi mamá es de Matamoros y de Bronxville en la frontera y mi papá es de Dallas Texas, pero él se había venido a México después de la Segunda Guerra Mundial, en el auge del México y la agricultura después de la Segunda Guerra Mundial, México tenía un crecimiento agrícola gigantesco en los cincuenta y mi papá llegó a traer compañías norteamericanas de algodón y fomentar negocios de la industria. Nazco en la frontera porque mi papá vivía en la Ciudad de México y porque mi mamá quería estar con su familia y todos los niños en Matamoros que nacieron en los cincuenta, pues, casi todos se brincaban la frontera y nacían del otro lado, hoy soy gringo por accidente. Tenía dos pasaportes, no era legal, cada vez que cruzaba la frontera era de miedo porque era ilegal en ambas direcciones, si te agarraban con doble pasaporte, siempre era el nervio de enseñar el otro pasaporte, pero no crecí ahí. Mi educación fue en la Ciudad de México y el resto de mi educación americana fue en Nueva York, entonces, la frontera era una construcción en mi cabeza que era la distinción entre Ray Smith o Raymundo Smith.

“Y luego, por fin, una vez cuando estaba en Texas y tuve una exhibición porque me invitaron a hacer una exhibición en un museo pequeño de Brownsville que fue un gran honor porque, cuando vienes de un pueblito como ese y quieren que hagas una exhibición en su museo para una inauguración, sentí que por fin te estaban reconociendo del lugar donde habías nacido, del charquito del lodo donde habías brotado. Y había ahí un hombre que era muy sofisticado, que había estudiado antropología en la universidad de Yale y trabajado por muchos años en el museo y luego había acabado en Brownsville, Texas, y en esa exhibición le pregunté: ‘¿Por qué te viniste a vivir a la frontera? ¿Por qué estás aquí en Bronxville?’, y me respondió: ‘Es que, aquí en el río grande, o en el río Bravo, aquí, estás lo suficientemente lejos de Nueva York para que la sombra de Nueva York no te toque y estás lo suficientemente lejos de la Ciudad de México para que la sombra de la Ciudad de México no te toque’. Les estoy diciendo esa anécdota porque creo que más o menos contesta el por qué exhibo aquí, es como este espejismo de tratar de no ser algo, vamos a decir, si yo estoy en un rancho y van a ver unas pintar que se llaman ‘Border paintings’ que son huellas del suelo de donde cruzaron los mexicanos y, cuando estás de ese lado, particularmente, en ese momento, con toda la cosa política tan horrenda que está sucediendo en Estados Unidos, te encuentras con los mexicanos o los migrantes que están cruzando del otro lado y que están cruzando por este desierto en condiciones horripilantes, pero todos ellos están llenos de esperanza y los gringos, del otro lado que piensan que saben quiénes son, están llenos de, simplemente, el total de todos sus prejuicios. Prefiero andar con los que andan migrando, con los que supuestamente se definieron.

“El espejo es la frontera, de alguna manera u otra. Entonces, al hacer estas pinturas, porque sí fue un experimento de hacer unos espejos a mano en Monterey hace como unos ocho años y le empecé a entender la sensación de qué era lo que estaba sucediendo con el espejo e ir trabajando dentro de un espejo literalmente, parte de toda la perspectiva de un cuarto está adentro del espejo. No te acostumbras a saber cómo pintar o cómo intervenir en él porque de alguna manera u otra ya es todo lo que tú necesitabas, ahí está todo. Cuando Taiyana Pimentel me ofreció la exhibición quería hacer algo que tuviera que ver con Siqueiros, y entre más lo fui haciendo me di cuenta que Siqueiros estaba metido en todo esto y que todos estos cuartos poliangulares y todo eso a mí se me hacía también como una clase de espejismo o como una teoría de la física en donde supuestamente existen túneles en el universo y que uno puede cruzar de un lado para otro. Para mí eso era el perfecto espejo de los Estados Unidos con México, me voy de Cuernavaca y para mí este cuarto era como una clase como de túnel, como este agujero en el universo, donde cruzas de un lado para el otro. Este era el mismo lugar en la frontera, un espejo, porque es lo mismo que del otro lado, pero no, el ir trabajando dentro del espejo se convierte en un laberinto, en sí, definitivamente, el laberinto de los medios sociales y todas estas clases de cosas que están sucediendo, de todo el narcisismo impresionante la cual todo mundo ahora tiene la capacidad de promoverse como si fuéramos estrellas de cine y todos somos estrellas de cine, fue una aventura impresionante porque era estar adentro del espejo. Aún está completamente fresco esto, creo que, si le das a una de las pinturas, se les va a quedar en los dedos.

“Me encanta estar en Cuernavaca porque aquí puedo experimentar con cosas que no sé si son arte o no son arte, sino que son cosas que de alguna manera u otra están brotando del suelo, están brotando de la materia misma, del estar aquí y el estar aquí, implica muchas cosas. Todo esto que tiene que ver con la binacionalidad o multiculturalidad, porque Cuernavaca ha tenido a través de la historia muchos exiliados y parte de todo eso ha sido también mi educación de Cuernavaca, supongo que también de otra manera también es una clase como de auto-retrato”, concluyó el artista.

“El Narciso de Jesús”, la nueva producción del artista estadounidense-mexicano Ray Smith se ubica en relación al canon pictórico de occidente y dialoga con la idea de Siqueiros de producción artística. Para Smith, la producción monumental que el muralista llevó a cabo en La Tallera es el punto de partida para desafiar las nociones establecidas de la pintura moderna y contemporánea. Como buena parte de su trabajo, El Narciso de Jesús está influenciado por el discurso pop del arte; en esta ocasión lo desplaza hacia el espejo como soporte de la pintura y como dispositivo que activa conceptos críticos en el arte, como la psicología humana, el narcisismo que impera en la sociedad contemporánea, la transgresión de lo carnavalesco en la pintura moderna y la posibilidad de activar la poliangularidad siqueireana a través del espacio multidimensional que ofrecen los reflejos. La exposición se compone de 96 puertas de madera y espejos pintadas por el artista, 72 acrílicos intervenidos y una producción escultórica que apunta a la idea de caos de nuestros días.

Ray Smith (n.1959) nace en Brownsville, Texas, y se cría en México. Smith emerge en los años ochenta, y continúa produciendo exuberantes pinturas y esculturas caracterizadas por un estilo inimitable y temas que reflejan su herencia bicultural mexicana y estadunidense. Figuras mutadas y contorsionadas son recurrentes a lo largo de su obra, formando un híbrido que se genera con su formación temprana en la pintura al fresco con profesionales de la tradición mexicana, un tributo a Picasso, los Surrealistas, y los activistas políticos del Muralismo en México. A través de estos variados seres, Smith reflexiona sobre las complejidades y ridiculeces de la sociedad, la familia, la política, la cultura, la guerra y la misma condición humana, todo esto enmarcado por el nacimiento y la muerte. El artista ha llevado a cabo 50 exposiciones alrededor del mundo durante las últimas dos décadas, sobre todo en Estados Unidos y México, pero también en Japón, Europa y Sudamérica. Participa en la edición de 1989 de la Whitney Biennial en Nueva York. Smith expone en la primera edición de la Triennial of Drawings en la Fundación Joan Miró en Barcelona, España, y forma parte de la exposición colectiva Latin American Artists of the 20th Century, que viajó por Sevilla, España, el Muesée National d’Art Moderne en el Centro Pompidou en París, el Kunsthalle en Colonia, Alemania, y The Museum of Modern Art en Nueva York. Las pinturas de Smith están en las colecciones del Whitney Museum of American Art, el Brooklyn Museum of Art, y el Metropolitan Museum of Art en Nueva York, el Museum Würth en Künzelsau, Alemania, el Centro Cultural de Arte Contemporáneo en la Ciudad de México, y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, entre otros. Actualmente divide sus tiempos entre las ciudades de Nueva York y Cuernavaca en México.

Tema(s): 
Perfiles: